Archive for the 'Planeamiento' Category

Our Cities Ourselves Exhibition Opens in NYC June 24

junio 24, 2010
If you’re in the New York area this summer, go and check out a new exhibition that opens tomorrow, June 24, at the AIA-NY’s Center for Architecture (536 LaGuardia Place, NYC): Our Cities Ourselves: The Future of Transportation in Urban Life explores the creation of better cities through better transportation and demonstrates what is possible when we design our cities for ourselves. The exhibition kicks off its worldwide tour in New York, showcasing the potential of transportation systems in ten major cities. It illustrates how the dream of a sustainable, equitable and livable urban future can be realized, when transport is put center-stage.

CENTRAL DO BRASIL STATION: EXOCONCOURSE / ENDOSTREET by CAMPO aud + Fábrica
CENTRAL DO BRASIL STATION: EXOCONCOURSE / ENDOSTREET by CAMPO + Fábrica

Completed in 1943, Rio’s Central do Brasil train station was simply and rightfully named after its original purpose, to be nothing less than Brazil’s most important transportation hub. The challenges of the site are monumental. The statistics and scales related to Central do Brasil presented us with an overwhelming context of operations with a rather frightening future scenario for the area unless a radical shift is proposed. In this project we take on the site’s monumentality with interventions that are equally monumental, and use this feature to domesticate and equalize the current situation, not to clash and contrast.

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Fuente: BUSTLER

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Ciudad Colonial de Santo Domingo: S. O. S.

octubre 19, 2009

Captura de pantalla 2009-10-19 a las 4.02.11 PM

Iglesia Convento Regina Angelorum

Escrito por: SIMONA CAPELLI

El docente Mario Sartor, responsable del Centro Internazionale Alti Studi Latino Americani (CIASLA) de la Universidad de Udine en Italia, anualmente organiza una conferencia internacional donde se invitan profesionales y expertos de la cultura, de nacionalidad italiana y latinoamericana.

Este año la conferencia ha tratado el tema de la “Conservación, Tutela y Uso de los Bienes Culturales: El caso latinoamericano. Reflexiones y propuestas después de cuarenta años de las Normas de Quito”, desarrollado durante los días 10-12 de septiembre en el antiguo y bellísimo Salón del Parlamento del Castillo de Udine y en la Aula Magna de la Universidad de Idiomas de Trieste.

La  inauguración estuvo encabezada  por el subsecretario de las Relaciones Exteriores, el Senador Vincenzo Scotti, y otras relevantes autoridades italianas e internacionales. Entre los conferencistas invitados, que eran treintisiete, habían representantes europeos, centro y suramericanos; de la Unión Latina, UNESCO, ICOMOS, ICCROM, BID, de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia, directores y curadores de los Museos Cívicos Venecianos, Museos Históricos Vaticanos, Museos argentinos, chilenos, de Caracas y Montevideo; de las universidades de Bologna, Udine, Trieste, Zaragoza, São Paulo, La Habana, Québec, Cuenca, Universidad Nacional de Colombia, Universidad Mayor de San Marcos de Lima, Universidad Iberoamericana de México, y expertos restauradores e investigadores del patrimonio cultural, entre los cuales Bruno Zanardi, profesor de restauración en la Universidad de Urbino, que ha restaurado obras famosísimas como la Columna Traiana, los frescos de la Basílica de Assisi, las pinturas de Giotto en Roma y de G.B. Tiepolo en Venezia, etc.,  y autor de libros sobre la restauración.

Los textos de la conferencia han sido recogidos en el libro “StudiLatinoamericani, Estudios Latinoamericanos, n. 05. Conservación, Tutela e Uso de iBeni Culturali”, que se encuentra en la biblioteca de la Universidad APEC.

Esta reunión quedará grabada en la historia, porque de cada experiencia y de cada aporte profesional dado por los relatores, se dará nacimiento a la “Carta de Udine” como ulterior sostén actualizado para la protección internacional de los bienes artísticos y culturales. La Carta de Udine, entrará hacer parte de las “Cartas del Restauro”, líneas guía dirigidas a las definiciones de los criterios de salvaguarda, conservación y restauración, o sea, documentos teóricos destinados a sujetos públicos y privados que poseen como objeto el monumento, la obra de arte y la cultura en general.

Como invitados para representar la República Dominicana, fueron Avelino Stanley, para los bienes intangibles y yo, Simona Cappelli, para los monumentos. Avelino presentó el tema muy tocante sobre la situación penosa que sufren los grupos folklóricos de los Guloyas y los Congos, que a pesar de ser incluidos desde años entre los bienes inmateriales protegidos por la UNESCO, no reciben el apoyo prometido; yo, dicté el tema que me pidieron desde Italia, sobre el “Estado de conservación de la Ciudad Colonial de Santo Domingo” que resumo por un factor de espacio editorial y que se encuentra integral en el libro citado arriba. Mi conferencia ha sido acompañada por 300 diapositivas que han permitido a los participantes un recorrido visual de la zona colonial.

“Estado de conservación de la Ciudad Colonial de Santo Domingo”.  La actual Ciudad Colonial de Santo Domingo, desde su fundación ha sobrevivido a numerosos acontecimientos, causados por ciclones, terremotos, asedios, invasiones, carestías y conflictos tanto de orden económico como sociales. Desde de fines del siglo XIX, se han sumado las presiones que ejerce el desarrollo urbano y que son las causas de relevantes cambios fisonómicos.

En la actualidad, dentro de la muralla se custodian más de sesenta monumentos de interés histórico, que han sido los primeros edificios e instituciones del nuevo mundo: la Sede Episcopal, la Real Audiencia, el Cabildo, las primeras dos universidades, los conventos, los dos hospitales, la Casa de la Moneda, las viviendas, las primeras instalaciones militares y los muros de defensa.

Por todas estas primacías, en 1990, fue declarada por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, los edificios que deberían ser considerados de interés nacional y colocados  bajo la protección de Patrimonio dominicano, son muchos más.

Existen muchas casas de patio del siglo XVII y edificios de la época republicana comprendidas entre el período de finales de 1800, a inicios de 1900, que deberían ser protegidos y considerados monumentos de importancia relevante como los anteriores.

Aunque la ciudad conserva una buena parte del trazado y espíritu de la época de su fundador Nicolás de Ovando y es posible reconocer en las construcciones la influencia española e italiana, las transformaciones del entramado urbano y arquitectónico han sido muy abundantes. El aspecto actual, es de una falsa imitación de lo antiguo, con confusión en su estética original y, sobre todo, sin notoriedad visual de las acciones realizadas en las restauraciones empezadas en 1972. La sensación que da la zona colonial, principalmente en el turista extranjero, es desagradable.

Los datos de unas encuestas, demuestran que la ciudad es un lugar atractivo por su particular estilo arquitectónico, pero que muestra un espacio desordenado, sin huellas de la historia, con calles asfaltadas, malolientes, repletas de basura y desechos sólidos, peligrosas por los enormes huecos de las alcantarillas sin protección y los innumerables cables eléctricos que afectan la visión de las calles; las aceras están rotas o arregladas sin criterio estético con cemento; el ambiente es muy ruidoso y muy contaminado por el desenfrenado uso de plantas eléctricas que deben suplir la deficiencia en el suministro de electricidad, contribuye al caos el congestionado tráfico de vehículos; existe una alta presencia de perros callejeros y de personas sin hogar que deambulan por las calles o que viven en los rincones de las aceras.

Los vecinos y habitantes del centro histórico sufren, además, carencias por la ineficiencia del sistema de drenaje y del abastecimiento hídrico, así como por la propagación de plagas debido a moscas, palomas, ratones y cucarachas.

La zona colonial también está amenazada por lo obsoleto, tanto funcional como físico de algunos edificios históricos de finales del 1500, de los siglos XVII y XVIII. Muchos edificios están en completo abandono y deterioro, o utilizados como tiendas y viviendas de bajo costo, talleres de reparaciones, depósitos, o en mal estado de mantenimiento.

La ciudad está completamente sometida a la invasión de las algas verdes epilíticas, que por el clima y la falta de mantenimiento, presentan una elevada capacidad de reproducción y crecimiento. Estas algas colonizan los edificios con facilidad porque para eliminarlas no se utilizan biocidas específicos, sino cepillos de hierro que esparcen sus esporas sobre todas las superficies del entorno.

Arbustos, hierbas y especies leñosas, crecen con facilidad en los remates de los edificios, en los alvéolos y hoyos más profundos de las piedras, donde se crean importantes fracturas y desprendimiento de material lapídeo. Alrededor de los principales monumentos, las palomas, con sus excrementos, producen corrosiones y formación de bacterias y hongos.

Estos lugares están  sobre poblados, principalmente, porque hay comerciantes de estas zonas que ofrecen alimentos para atraer los turistas.

La alta presencia de cemento sobre los edificios coloniales causa graves daños a las estructuras originales, retención de humedad, eflorescencias salinas y perdida de revoques.

Los rincones de las fachadas están cubiertos por capas de polvo y de anhídridos que se forman por el alto tráfico de vehículos y por la emanación del monóxido de carbono, debido a los mismos y a las plantas eléctricas que funcionan con gasoil.

El monumento que más presenta este estado de degradación es la iglesia de Regina Angelorum, sobre todo en el portal este, que sufre un alto grado de corrosión por la acción del ácido sulfúrico que transforma la piedra en sulfato de calcio. Los bajorrelieves que complementan el friso, el tímpano y los capiteles, únicos ejemplos existentes, se están perdiendo por completo.

Los museos establecidos en estos edificios coloniales, por repercusión sufren todos estos problemas que se han citado. Las paredes externas influyen internamente las situaciones de degradación que presentan y que se acentúan más, por la falta de ventilación y de un cuidado específico.

Todos los museos de la ciudad colonial no son espacios aptos para conservar obras de arte. La iluminación y la ventilación son dadas por las ventanas constantemente abiertas; el intercambio externo/interno de temperatura y humedad relativa, de rayos ultravioletas, de esporas biológicas, de partículas atmosféricas, de contaminación carbónica, es facilitado sin control alguno de maquinarias específicas para la medición de estos elementos.

Los museos no reciben ninguna ayuda económica para conservar los edificios en que residen: Las escasas labores de mantenimiento, se actúan con las ganancias creadas por el exiguo turismo.

Patrimonio Monumental recibe pocas inversiones de dinero que utiliza para arreglar edificios ya en alto estado de deterioro. Estas instituciones solamente reciben del Estado el sueldo para el personal y el dinero para comprar material gastable.

Los inversionistas privados que restauran casas históricas, no deben cumplir ningún tipo de normativa de conservación, a pesar de que existe una vigilancia constituida por la gestión del Ayuntamiento y de Obras Pública, por instituciones, patronatos y oficinas de conservación del patrimonio monumental u organizaciones como ICOMOS, CARIMOS y UNESCO.

La única regla que se impone en la rehabilitación de estos edificios, es la de mantener las fachadas, sin averiguar el uso de los cromatismos, de las técnicas y de los materiales. Por consiguiente, se han perdido espacios y elementos arquitectónicos originales, en el afán por adaptar la vivienda al nuevo uso, que sigue las pautas y elecciones del gusto personal del propietario.

Siempre debido a la falta de control por parte de las autoridades, en muchos patios privados se han elevado construcciones o edificios que no respetan físicamente la estructura original y estropean el entorno, cambiando el panorama y ofreciendo una visión de violento contraste arquitectónico.

Las aplicaciones de métodos y materiales no se efectúan de manera sensata, porque dificultan la posibilidad de ser retiradas en el momento conveniente: Pese a que existe un relativo conocimiento, ninguno se preocupa de sustituir  cemento  y acrílicos con materiales compatibles y reversibles.

Todo este contexto causa muchas dificultades para la conservación de los monumentos; restaurar en Santo Domingo es una tarea ardua, sea por la falta de documentos exhaustivos, sea por la utilización de materiales irreversibles, que por la falta de mantenimiento y de voluntad para actuar con conciencia y criterio. Estos problemas, asociados a la carencia de expertos restauradores y científicos, completan el cuadro de análisis de la situación.

Quién trabaja en el campo específico de la restauración, no es licenciado en esta carrera y presenta muchas carencias en el contexto de los conocimientos técnicos, científicos, filológicos y éticos de la conservación; quién se ocupa de labores de mantenimiento, no hace los esfuerzos necesarios para cumplir con juicio, criterio y rigurosidad profesional sus tareas.

Por eso, es normal encontrar: espesos depósitos de polvo sobre las obras museales, o pinceladas de pinturas acrílicas para paredes sobre tapices del 1500, u obras en delicado estado de desprendimiento dejadas a su destino por varios años, o plantas superiores ya adultas en las paredes de las ruinas e iglesias, o excrementos de palomas olvidados en los pisos, o herramientas oxidadas abandonadas en hoyos de los muros antiguos, o fogones encendidos en proximidad de paredes antiguas en áreas protegidas, o charcos de agua luego de la limpieza, o desaparición de objetos museales, o películas pictóricas al óleo carbonizadas y barnices de pinturas sobre tela alterados por los rayos directos de la luz, o frecuentes efectos bloom en los barnices, etc.

Soluciones

Se ha dado un gran paso con la implementación y puesta en marcha del Plan estratégico de revitalización integral de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, realizado en 2003 y que sólo ahora se está logrando poner en acción, luego de la oposición de varias instituciones que gestionan la ciudad colonial.

Es un plan muy cuidado bajo todos los aspectos urbanísticos de la ciudad, pero incompleto o poco claro en el contexto conservativo de la misma.

En su texto se mencionan algunas soluciones, como:“El acondicionamiento del Hospital Padre Billini” y “Que la planta flotante ubicada en el río Ozama se encargue de manera exclusiva a proporcionar energía a la zona colonial”.

Se opina que el hospital debería ser mudado, en cuanto ocupa un espacio de carácter monumental., además, siendo una dependencia del Estado, recibe pocas inversiones de dinero que tampoco son suficientes para cumplir a nivel sanitario. La estructura hospitalaria está influyendo de manera negativa en las iglesias del Carmen y de San Andrés.

La planta eléctrica de la zona, constituida por dos barcos flotantes, los cuales suman y acentúan aportes considerables al proceso de degradación ambiental y que por su cercanía a un sitio de Patrimonio Mundial, invalida su instalación en este lugar, no solamente por la contaminación, sino por la agresión visual que provoca al panorama y la distorsión que crea en el entorno.

Otras soluciones que el plan propone son: “Dejar las fachadas de los inmuebles tal cual están y hacer construcciones modernas detrás de estas”, que se contradice con “Se deben establecer regulaciones para no permitir construcciones modernas, sino de la época colonial”; y con “Se deben conservar las estructuras arquitectónicas de la época”.

Un factor clave que parece no haber sido considerado, es la aplicación de estas soluciones en conjunto a un Plan de Conservación y de Mantenimiento de los Monumentos, donde se pongan normativas sobre el uso propio de los materiales, de los criterios de restauración y remodelación, del cromatismo de las fachadas, de las obligaciones del propietario hacia el inmueble, etc.; porque, soluciones como: “Que se tome de referencia la experiencia de Cartagena de Indias para la revitalización de la Zona Colonial”, o “Crear un programa de concientización para rescatar la Ciudad Colonial”, o “Crear un programa con el banco comercial para financiar la restauración de las casas a unos intereses blandos”, o “Modernizar la zona colonial sin que pierda el valor histórico y el valor cultural”, o “Reglamentar las fachadas de los inmuebles”, o “Rescatar la imagen visual de la zona colonial”; tienen un grado de medición poco claro que pueden ser interpretadas en múltiples formas según la comodidad de quien las usufructúa.

Los escasos restos antiguos que determinan la historia de este país, se están perdiendo lentamente por intervenciones equivocadas y por descuido debido a la total ignorancia o por falta de interés por la limitada ganancia económica o el antagonismo que se crea internamente a la profesión. El resultado es que si no se resuelve prontamente esta situación, la próxima etapa será mirar con impotencia los daños irreversibles en la zona colonial de la ciudad de Santo Domingo.

En síntesis

Algunos daños

Catedral Portal norte-polvo y monóxido de carbono por falta de mantenimiento (en la foto).  La zona colonial en su totalidad necesita una restauración conservativa, con materiales compatibles e irreversibles, que le devuelva sus formas y pátinas del pasado y una constante intervención de mantenimiento para moderar su degradación. Es de vital importancia la formación de recursos humanos calificados, la preparación de los técnicos y ayudantes con formación académica, una formación continua de búsqueda científica y tecnológica unidas a la experimentación, y sobre todo un mayor control y monitoreo de las intervenciones.

Las fachadas que por la ley dominicana deben ser respetadas, no están protegidas bajo normativas de conservación. En su rehabilitación, no existe ningún tipo de obligación al uso de materiales específicos que sean compatibles con la contextura antigua y, sobre todo, no se verifica el uso de materiales reversibles; por el contrario, nadie se preocupa por el alto empleo de cemento gris y blanco y por el empleo de pinturas acrílicas o a base de aceite que se adoptan para finalizar los exteriores, que no permiten la transpiración de las paredes y causan condensaciones de humedad en la capilaridad de la estructura.

Fuente: HOY

http://www.hoy.com.do/areito/2009/10/17/298088/SOS-Zona-Colonial-en-peligro-de-muerte

Learning From Slums

marzo 1, 2009

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Today, one billion of the world’s people live in slums such as Dharavi, in Mumbai, India. (Scott Eells/Bloomberg News)

The world’s slums are overcrowded, unhealthy – and increasingly seen as resourceful communities that can offer lessons to modern cities.


By Rebecca Tuhus-Dubrow

NOT EVERYBODY LIKED “Slumdog Millionaire” as much as the Oscar committee did. Aside from slum dwellers offended by the title, some critics lambasted its portrait of life in Dharavi, the biggest slum in Mumbai, as exploitative. A Times of London columnist dubbed it “poverty porn” for inviting viewers to gawk at the squalor and violence of its setting.

But according to a less widely noticed perspective, the problem is not just voyeurism; it’s the limited conception of slums, in that movie and in the public mind. No one denies that slums – also known as shantytowns, squatter cities, and informal settlements – have serious problems. They are as a rule overcrowded, unhealthy, and emblems of profound inequality. But among architects, planners, and other thinkers, there is a growing realization that they also possess unique strengths, and may even hold lessons in successful urban development.

The appreciation can come from unlikely quarters: In a recent speech, Prince Charles of England, who founded an organization called the Foundation for the Built Environment, praised Dharavi (which he visited in 2003) for its “underlying, intuitive ‘grammar of design’ ” and “the timeless quality and resilience of vernacular settlements.” He predicted that “in a few years’ time such communities will be perceived as best equipped to face the challenges that confront us because they have built-in resilience and genuinely durable ways of living.”

He echoes development specialists and slum dwellers themselves in arguing that slums have assets along with their obvious shortcomings. Their humming economic activity and proximity to city centers represent big advantages over the subsistence farming that many slum dwellers have fled. Numerous observers have noted the enterprising spirit of these places, evident not only in their countless tiny businesses, but also in the constant upgrading and expansion of homes. Longstanding slum communities tend to be much more tightknit than many prosperous parts of the developed world, where neighbors hardly know one another. Indeed, slums embody many of the principles frequently invoked by urban planners: They are walkable, high-density, and mixed-use, meaning that housing and commerce mingle. Consider too that the buildings are often made of materials that would otherwise be piling up in landfills, and slums are by some measures exceptionally ecologically friendly. Some countries have begun trying to mitigate the problems with slums rather than eliminate the slums themselves. Cable cars are being installed as transit in a few Latin American shantytowns, and some municipal governments have struck arrangements with squatters to connect them with electricity and sanitation services.

And there are thinkers who take the idea a step further, arguing that slums should prompt the rest of us to reconsider our own cities. While the idea of emulating slums may seem absurd, a number of planners and environmentalists say that we would do well to incorporate their promising elements. One architect, Teddy Cruz, has taken the shantytowns of Tijuana as inspiration for his own designs; he is currently working on a development in Hudson, N.Y., that draws on their organically formed density.

“We should not dismiss them because they look ugly, they look messy,” says Cruz, a professor at UC San Diego. “They have sophisticated, participatory practices, a light way of occupying the land. Because people are trying to survive, creativity flourishes.” To be sure, there is something unseemly in privileged people rhapsodizing about such places.

Prince Charles, for all his praise, does not appear poised to move to a shack in Dharavi. Identifying the positive aspects of poverty risks glorifying it or rationalizing it. Moreover, some of the qualities extolled by analysts are direct results of deprivation. Low resource consumption may be good for the earth, but it is not the residents’ choice. Most proponents of this thinking agree that it’s crucial to address the conflict between improving standards of living and preserving the benefits of shantytowns.

But given the reality that poverty exists and seems unlikely to disappear soon, squatter cities can also be seen as a remarkably successful response to adversity – more successful, in fact, than the alternatives governments have tried to devise over the years. They also represent the future. An estimated 1 billion people now live in them, a number that is projected to double by 2030. The global urban population recently exceeded the rural for the first time, and the majority of that growth has occurred in slums. According to Stewart Brand, founder of the Long Now Foundation and author of the forthcoming book “Whole Earth Discipline,” which covers these issues, “It’s a clear-eyed, direct view we’re calling for – neither romanticizing squatter cities or regarding them as a pestilence. These things are more solution than problem.”

The word “slum” itself is controversial and slippery. In the United States, it is often used to refer simply to marginalized neighborhoods, but in developing countries, it usually means a settlement built in or near a city by the residents themselves, without official authorization or regulation. Housing is typically substandard, and the infrastructure and services range from nonexistent to improvised.

There is nearly as much diversity among informal settlements (a term sometimes used in preference to the more loaded “slum”) as in their formal counterparts. They include a wide range of economic levels and precariousness. In Kenya, about a million people live in Kibera, outside the city center of Nairobi. Its huts are built of mud and corrugated metal, trash is everywhere underfoot, and “flying toilets” – plastic bags used for defecation and then tossed – substitute for a sanitation system. In Istanbul, by contrast, where the city government has been more sympathetic, some squatter areas have water piped into every home.

Without some degree of government support, slums tend to be fetid and disease ridden, and until a few decades ago, the most popular approach to solving their problems was to demolish them. In the 1960s and 1970s, Brazil, for example, razed many of its slums, called favelas, and relocated residents to government housing. But since then, a new idea has emerged in development circles: that such settlements are more than eyesores; they are the product of years of residents’ labor, and legitimate communities that should be improved rather than erased.

“One of the misconceptions is that they’re endless seas of mud huts,” says Robert Neuwirth, author of “Shadow Cities: a Billion Squatters, a New Urban World,” who spent two years living in squatter communities. “There’s a tremendous amount of economic activity – stores, bars, hairdressers, everything.”

An early reappraisal came in the book “Freedom to Build: Dweller Control of the Housing Process” (1972), edited by John F. C. Turner and Robert Fichter. Some of the contributors had closely studied squatter communities in the developing world, and the book argued that when people had autonomy over their housing and their environments, the residents and the settlements thrived. The development community began to recognize the drawbacks of evicting people and relocating them, which can be “incredibly traumatic,” says Diana Mitlin, senior research associate at the International Institute for Environment and Development in the UK. In 1975, the World Bank officially changed its position to endorse upgrading instead of new site development for squatters.

More recently, shantytowns have been reassessed in light of the growing awareness of the benefits of urbanization. Cities provide myriad economic opportunities that are lacking in the countryside, which is why millions of people stream in every month. They also offer freedom – especially, notes Brand, for women, who find greater access to jobs and education, as well as healthcare. Birthrates tend to fall when families move from villages to cities, not only thanks to family planning services, but also because more children, an asset on the farm, are a burden in the city.

What’s more, cities are increasingly seen as good for the planet. Aside from slowing population growth, they’re also more efficient in their use of resources, and allow abandoned land in the country to regenerate.

Most of these benefits, of course, would accrue even if migrants were moving to apartments in fashionable districts. But in practice, urbanization means the movement of poor people into slums. And while this reality certainly poses challenges, in the past few years, some analysts have begun to see slums as not simply the only realistic option, but as having certain advantages over formal settlements, especially the government-built high-rise projects where the poor are often housed.

Shantytowns are “pedestrian-friendly. There are small alleyways, the streets are narrow. Children can play in the streets,” says Christian Werthmann, a professor of landscape architecture at Harvard. Some frustrating parts of slum life – the close quarters and the need to cooperate with neighbors in endeavors like obtaining services – have an upside: they can contribute to a strong sense of community. And although many shantytowns are dangerous, some actually have very low crime rates. Writing recently in the New York Times, two researchers affiliated with the Indian nonprofit Partners for Urban Knowledge Action and Research defended the highly developed slum of Dharavi as “perhaps safer than most American cities,” protected by the watchful eyes of close-knit neighbors.

There is an ethos of self-reliance in communities independently built and continually rebuilt by their residents. Over the course of years or decades, residents may upgrade from cardboard to corrugated metal to brick, add floors on top of the roof. They are invested in their creations, and typically prefer them to the feasible alternatives. “When people are relocated to places where government thinks they can be housed in a better way, they often move back,” says Hank Dittmar, chief executive of Prince Charles’s Foundation for the Built Environment. Living in a legal neighborhood would usually mean more money for less space, without the prospect of improving or expanding. And it might entail constraints that don’t apply in the slums – for instance, zoning laws about where it’s acceptable to operate businesses.

Another major concern of contemporary urban planners is ecological sustainability, and shantytowns get high marks for that, too. Teddy Cruz, who has spent a great deal of time in Tijuana, says, “These slums have been made with the waste of San Diego. . . . Aluminum windows, garage doors. Debris is building these slums.”

Still, most shantytowns remain difficult and unhealthy places for people to live and grow up. They are also reviled by their wealthier neighbors, and as cities expand, sometimes they find themselves in the crosshairs of developers eager to build on their prime real estate. Some countries continue to clear slums: In 2005, Zimbabwe perpetrated brutal demolitions, called Operation Drive Out Trash, which left hundreds of thousands of settlers homeless. Dharavi is located in the heart of Mumbai, and plans have been underway to develop high-rises and high-end commercial ventures in that area. Following protests, the plans will now be reviewed by an advisory group that includes some residents.

In a number of countries, government and aid organizations have been working with squatters to retrofit slums. Brazilian favela dwellers, who are voters, have obtained concessions such as hookups to water mains and electricity. Squatters in many cities have established their own activist organizations, which work together under an umbrella group called Shack/Slum Dwellers International. Jockin Arputham, the group’s president (and head of India’s national slum-dweller organization) recalled in a published interview that years ago he led a large group of children in collecting garbage in their community and depositing it in front of the municipal council’s offices. “[W]e showed them the garbage problem in our settlement and began a negotiation,” he told the journal Environment & Urbanization. “We said that we would organize the garbage collection if the municipality would provide the truck to collect it regularly.” The gambit worked. There is debate about whether the informality itself is a plus or a minus. Hernando de Soto, a Peruvian economist, has argued that slum dwellers should be given title deeds for their plots, in order to liberate the “dead capital” they are sitting on – to enable them to get loans from banks. But many analysts are skeptical of this proposal. One problem is that individual property rights could disrupt the stable system of communal control that has evolved in many slums. Another possibility is that residents might quickly sell their new deeds for cash, and thus lose the rights to their longtime homes.

There are also downsides to retrofitting slums. According to Ciro Biderman, a fellow at the Lincoln Institute of Land Policy, upgrading is much more expensive than building a new settlement with infrastructure in place from the outset, and amounts to a subsidy he considers unfair to poor people who do not live in slums. Another concern is that shantytowns are sometimes built on environmentally fragile terrain, such as steep hillsides or wetland areas – in those cases, helping residents stay in place can be both dangerous for the inhabitants and ecologically damaging.

Meanwhile, some observers in the developed world have been asking, what if the laudable aspects of these informal communities could be disentangled from the unfortunate parts? To build housing for low-income people, Cruz has drawn inspiration from Tijuana shantytowns for developments in Southern California, and is currently working on the one in Hudson. It will include communal porches and terraces, and spaces meant to encourage small start-up businesses – for example, providing room to store sewing machines. The intention is to integrate a poorer immigrant population into the area by creating openings for a community to evolve. He calls his vision “club sandwich urbanism – layering. It occurs through time. Our planning institutions never think about time.” Cruz and Neuwirth say we can also learn from the spirit of collaboration in informal settlements, and their ingenuity in the use of space. Their richness suggests to some that the dominant American mode of living, for all its suburban comforts, has come at a price. Municipalities might want to reconsider zoning laws to allow residences to double as businesses, says Cruz: he imagines small enterprises being run out of garages. In Werthmann’s view, we might also emulate the low-rise, high-density model, which is conducive to neighborliness and requires no elevators. On a more basic level, these places can teach us about where, for better or worse, urban life appears to be headed. “Squatters are the world’s dominant builders,” says Brand. “If you want to understand what’s going on in cities, look at squatters.”

Fuente: Boston Globe

Sergio Fajardo: A Conversation with Charlie Rose

febrero 25, 2009

Obama considera a latino para ocupar Oficina de Políticas Urbanas

febrero 19, 2009

Adolfo Carrión será nombrado por el presidente de Estados Unidos como gesto de acercamiento a la comunidad latina, según The Daily New

Adolfo Carrión, presidente del condado del Bronx, en el norte de la Ciudad de Nueva York, será nombrado director de la Oficina de Políticas Urbanas de Estados Unidos, de acuerdo con el periódico The Daily News. Aunque el nombramiento aún no es oficial, el canal de televisión local NY1 citó otras fuentes, tanto de la ciudad como de Washington, para sustentar la noticia. Carrión, quien ha sido señalado en varias ocasiones como posible miembro del gabinete del presidente Barack Obama, es dirigente de la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos, que agrupa a la mayoría de los políticos de origen latino del país. El posible nombramiento del funcionario -cuyos padres son de origen puertorriqueño-, es considerado como un gesto de acercamiento a la comunidad latina por parte de Obama. Hasta el momento, la oficina de Carrión no ha confirmado ni desmentido las versiones de prensa.

Fuente: El Universal.mx

De autopista a parque fluvial: en Seúl es posible

enero 30, 2009

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Por MIGUEL TORÁN | IRIS MIR (SOITU.ES)
SEÚL (COREA DEL SUR).-  Las ciudades asiáticas crecen a un ritmo diferente que las grandes urbes europeas o americanas. Si hay que desalojar a un millón de personas para construir una sede olímpica, que se busquen otro hogar. Si hay que crear una isla artificial para ampliar un aeropuerto, se ganan hectáreas al mar. Si hay que desafiar a la gravedad y construir rascacielos más altos, se corre el riesgo. Se consigue así grandes urbes, modernas y punteras, pero que han perdido el encanto de antaño. Aunque otras veces, este urbanismo arriesgado tiene resultados que estimulan la vida de una ciudad.

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Fuente: SOITU.ES

en Flickr

Monstrous Plans & Good Habitats

noviembre 17, 2008

Was modernism complicit with colonialism, and did the struggle for decolonisation also entail a targeting of imperial modernist architecture? Mark Crinson visits the exhibition In the Desert of Modernity to see if the charge will stick.

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Image: Aerial view of the Carrieres Centrales, Casablanca, c. 1953, showing Cité Verticale (centre foreground), surrounded by estates of courtyard houses and (left) the bidonville

By Mark Crinson

Modernist architecture was full of good intentions. It would dispel the irrational and the merely woolly. It would cleanse the body and heal the soul. It would draw a world of nasty parochialisms towards cosmopolitanism and the international. Announcing a new beginning it dismissed bad objects like history and style, as well as old regimes and empires, as just so much detritus of the past. And for some time, at least in Europe, it seemed possible to maintain this illusion. But then came the fall. Modernism was bureaucratised and commercialised, architects rebelled against its constraints, residents rejected its harsh disciplines, and historians began to expose its tainted connections. Yet modernist thinking retains some of its attractions; there is a seductive asceticism about it still, and nostalgia often for its utopias.

One of these lost illusions is addressed by the exhibition In the Desert of Modernity, held at the Haus der Kulturen der Welt in Berlin (29 August – 26 October 2008). It argues for connections between French colonialism in North Africa, modernist architecture and planning, and social unrest in the estates, bidonvilles, and banlieues of contemporary European cities. The exhibition’s thesis essentially is that colonial attitudes to North Africa as a laboratory of modernity generated forms of resistance to colonialism and internal critique of modernism, and that all of these – the laboratory, the resistance and the critique – were then imported into European cities. Such an ambitious argument would potentially overload any exhibition, but the photographs, plans, videos, letters, posters, paintings, magazines and books on display did just enough to suggest the richness and significance of the subject.

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Fuente: MUTE

Barack Obama is creating the first Office of Urban Policy. What are the top priorities?

noviembre 13, 2008

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White House to Establish Office of Urban Policy

By Al Kamen
The intense back-stabbing amongst Democrats for top jobs in the Obama administration assumes there are a fixed number of jobs worth having. But it’s looking likely that some extremely choice, even consequential, jobs are going to be created by the new administration.

For example, plans are underway to establish a White House Office of Urban Policy in order to better coordinate federal efforts to help America’s cities, according to Obama transition co-chair Valerie Jarrett.

“He’s going to have a White House chief of urban policy,” Jarrett told the Trotter Group, an organization of black columnists.

She declined to divulge any names of potential choices for the post. “I’m sure there are plenty of candidates. It’s a great job,” Jarrett said.

Despite the many national problems confronting the new administration, she continued, Obama remains committed to earlier pledges to establish such an office. “Because he began as a community organizer on the South Side of Chicago, he understands at the local level is really where you can impact change and that local government can play a vital role as we try to jump start our economy,” she said. “So having somebody in the White House, because there are so many different agencies that really can impact urban America and to have one person whose job it is to really pull all of that together, is really a critical position. And there are plenty of terrific candidates for that spot.”

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