Archive for octubre, 2007

Al Gore gana el Premio Nobel de la Paz

octubre 13, 2007

Al señalar que el calentamiento global no es un asunto político sino una crisis mundial, afirmó que “enfrentamos una verdadera emergencia planetaria”.

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Doug Mellgren/AP/Servicios de Clave Digital

OSLO.-El ex vicepresidente estadounidense Al Gore y el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU ganaron el Premio Nobel de la Paz 2007 el viernes por impulsar el conocimiento y las acciones para contener el calentamiento global.

El comité de premiación les entregó el galardón en reconocimiento a las acciones que han realizado para fomentar y difundir el conocimiento sobre la incidencia de las actividades humanas en el cambio climático, gestiones que _dijo_han colocado las bases para enfrentarlo.

Gore, quien por ganó un Oscar este año por su película “An Inconvenient Truth” (una verdad inconveniente), era uno de los candidatos más sonados para el Nobel de la Paz.

El ex vicepresidente dijo que el premio era significativo por la inclusión del co-ganador y calificó al PICC como el “organismo científico preeminente del mundo (que está) dedicado a mejorar la comprensión de la crisis climática”.

Al señalar que el calentamiento global no es un asunto político sino una crisis mundial, afirmó que “enfrentamos una verdadera emergencia planetaria”.

Gore anunció que donaría su parte de la compensación económica del premio a la Alianza para la Protección del Clima, un organización no lucrativa que pretende llamar la atención de la población en Estados Unidos y el resto del mundo sobre la urgencia de resolver la crisis climática.

“Su compromiso firme _reflejado en actividades políticas, conferencias, películas y libros_ ha fortalecido la lucha contra el cambio climático”, dijo el comité en la argumentación. “Es probablemente el individuo que más ha hecho para crear una mayor comprensión mundial de las medidas que necesitan adoptarse”.

El premio podría incentivar un movimiento efervescente en Estados Unidos que pretende proponer a Gore como candidato para la presidencia en el 2008, aunque el galardonado ha insistido hasta ahora que no proyecta entrar a la contienda.

Gore “ha sido por mucho tiempo uno de los principales políticos ambientalistas del mundo”, dijo el comité y mencionó que tomó una conciencia anticipada “de los restos climáticos que el mundo enfrenta”.

El comité enfatizó que el PICC ha presentado durante dos décadas una serie de informes científicos que han “creado un amplio consenso documentado sobre la relación entre las actividades humanas y el calentamiento global. Millares de científicos y autoridades de más de un centenar de países han colaborado para lograr una certeza mayor en cuanto a la dimensión del calentamiento”.

Aseguró también que el mundo reconoce cada vez más la situación del calentamiento global gracias a las acciones de los dos premiados. En la década de 1980 “parecía solamente un hipótesis interesante, la década de 1990 generó una evidencia más firme en apoyo de la hipótesis. En los últimos años, los vínculos son cada vez más claros y las consecuencias incluso más evidentes”, refirió.

Carola Traverso, del PICC, dijo que el premio fue una sorpresa. “Nos habría alegrado también si (Gore) lo hubiera recibido solo porque es un reconocimiento a la importancia de este asunto”.

La entrega del premio fue recibida con cierto escepticismo en otros círculos.

“Entregarlo a Al Gore no puede ser visto más que como una declaración política. Entregarlo al PICC tiene buenos fundamentos”, dijo Bjorn Lomborg, autor del libro “The Skeptical Environmentalist” (el ambientalista escéptico).

Expuso que la película de Gore tiene “algunos errores muy obvios, como el argumento de que vamos ver un aumento de seis metros (yardas) en el nivel del mar”, añadió.

Este año, el cambio climático estuvo entre las prioridades de la agenda mundial. El grupo de la ONU sobre el clima ha presentado informes, están por reanudarse las negociaciones para reemplazar el Protocolo de Kyoto de 1997 y en el norte de Europa _donde opera el comité de premiación_ ha crecido la conciencia sobre el deshielo del Artico en este Año Polar Internacional.

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, felicitó a Gore y al PICC al tiempo que manifestó la esperanza de que el premio permita mantener en aumento la conciencia global sobre el cambio climático.

“Sus contribuciones a la prevención del cambio climático han despertado la conciencia en todo el mundo. Su labor es una inspiración para políticos y ciudadanos por igual”, expresó en un comunicado. “La Unión Europea sigue comprometida con sus metas ambiciosas en el tema. Exhorto a todos nuestros socios a considerar este Premio Nobel de la Paz como un estímulo para abordar este reto de manera más pronta y decidida”, dijo el titular del organismo rector del bloque europeo.

El director en Noruega del grupo ambientalista Greenpeace, Truls Gulowsen, encomió el “gran valor” del Comité Nobel por “relacionar tan claramente los problemas climáticos con la paz”.

Los premios Nobel comprenden una medalla de oro, un diploma y una compensación de 10 millones de coronas suecas (1,5 millones de dólares). (En internet: http://www.nobelpeaceprize.org )

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Taking Life Easy in Urban Italy

octubre 5, 2007

Supporters of Italy’s “Slow City” movement are trying to develop liveable cities, banning cars from city centers and blocking McDonald’s branches and supermarkets. The movement is spreading across Europe and is now taking off in Asia.

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By Stephan Orth in Orvieto, Italy

It’s not easy to be punctual for a meeting with Stefano Cimicchi. Parking places are hard to come by in Orvieto, even if cars are still legal. Cars in the city center stick out like a sore thumb among strolling pedestrians, who move to the sides of the streets with studied slowness. After a couple of twisty laps though the narrow medieval alleyways of the old town center, you might find a parking place on the edge of the small Umbrian town — and pay handsomely for the privilege of parking.

Cimicchi was mayor of Orvieto from 1991 to 2004, and for several years he was president of the “Slow City” movement, an outgrowth of the successful “Slow Food” concept. “Slow City” advocates argue that small cities should preserve their traditional structures by observing strict rules: cars should be banned from city centers; people should eat only local products and use sustainable energy. In these cities, there’s not much point in looking for a supermarket chain or McDonald’s.
From a Chianti Village to the Wider World

“Our goal is to create liveable cities,” says Cimicchi, a cheerful 51-year-old with a white moustache and laugh lines around his eyes. “We are working, if you will, on the concept of the utopian city, in the same way as the writer Italo Calvino and the architect Renzo Piano have done.”

The miniscule Tuscan Chianti town of Greve became the first “cittáslow” in 1999, followed by Bra, Positano and Orvieto. Over time, the slowness wave has spread. There are now 42 slow cities in Italy, and more and more cities — in Great Britain, Spain, Portugal, Austria, Poland and Norway — conform to the movement’s list of strict requirements. In Germany, a number of cities — including Hersbruck, Lüdinghausen, Schwarzenbruck, Waldkirch and Überlingen — have joined the select circle, which only admits cities with fewer than 50,000 inhabitants.

Residents serve as quiet proof that concentrating on local products and industries can be a benefit, rather than a restriction. And lest they begin to seem like a bunch of ascetics, they make sure to hold wine festivals and riotous feasts on area farms.

To a certain extent, a “slow city” tries to preserve the civic structures from medieval or Renaissance times, while at the same time incorporating the most recent scientific findings of ecology and sustainability. Even modern technology is allowed if it helps to meet the city’s goals. For example, Cimicchi is hoping to install electronically controlled access gates in Orvieto, which would grant entrance exclusively to city residents. Pisa already has a similar system: If the camera catches you letting the parking meter run out — whether it’s for a single minute or an entire day — you can expect to receive a parking ticket.

Upholding Slow Standards

Cimicchi is currently putting together a handbook for local politicians who embrace the “slow” philosophy. Available starting in October 2008, it is meant to be used as a field manual for the Italian delegations that will make inspections, both in Italy and abroad, to check and see if a city deserves the increasingly popular snail logo of a “cittáslow.”

Precise controls are necessary in order to uphold standards. “In Japan, for example, many places would like to adopt our slogan, but they deviate from our ideas in practice,” Cimicchi says. When it comes to Korea, Cimicchi says that he has to be a bit skeptical about the repeated inquiries he receives: “Nonetheless, we’ll be sending a delegation there soon to see what they want to do.”

By now, enthusiasm for the “Slow Food” movement’s snail revolution has spawned a number of related movements. Catch phrases making the rounds include “slow travel,” slow living,” or “velo slow,” which refers to an initiative aimed at getting people to make the switch from cars to bicycles.
Next on Cimicchi’s list of projects is a program to educate children about good taste. “Some kids today no longer know where a chicken breast comes from, which animal it actually belongs to or that french fries don’t grow on trees,” Cimicchi says. He also wants to teach people about good production methods and that boiling is better than frying.

There’s still work to be done in Orvieto. Even with its medieval charm, the hillside town still has a good way to go before reaching Cimicchi’s ideal of a utopian city. Retailers’ fears of decreased profits have led to continued opposition to a total ban on automobiles in the city center. And Coca-Cola is still served in street cafés, on request.

Fuente: spiegel

A los 78 años, murió Rogelio Salmona, figura más importante de la arquitectura colombiana

octubre 5, 2007

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Torres del Parque

Salmona estudió arquitectura en la Universidad Nacional y pasó casi diez años en París, en el estudio de Le Corbusier (Charles Edouard Jeanneret-Gris). “Más allá de que era un monstruo intelectual -dice el arquitecto Jorge Pérez-, Rogelio era un ejemplo de humanidad. Era un maestro en todo lo que hacía. Cada comentario era una lección”.

Su huella se aprecia en edificios como El Museo de Arte Moderno de Bogotá, la Casa de Huéspedes Ilustres en Cartagena, el Archivo General de la Nación y el Edificio de Posgrados de la Nacional.

Salmona (1929) era uno de los arquitectos más destacados de América Latina, había recibido el premio Alvar Aalto, el segundo más importante del mundo en su campo. Y estaba por recibir el homenaje ArpaFIL, que es entregado cada año en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Según un perfil suyo escrito por el arquitecto y crítico Alberto Saldarriaga, “la primera de sus obras que causó impacto en el medio profesional fue el conjunto de apartamentos El Polo, proyectado con el arquitecto Guillermo Bermúdez Umaña en 1959 (…).El tratamiento urbanístico del conjunto, la volumetría de los edificios, el uso masivo del ladrillo y el tratamiento del espacio interior de las viviendas fueron insólitos en su momento y abrieron posibilidades para nuevas exploraciones arquitectónicas”.

Su primera obra de repercusión internacional -proyectada entre 1964 y 1970- fue el conjunto de apartamentos de Las Torres del Parque, “polémico por su planteamiento formal, basado en una geometría radial, en el escalonamiento volumétrico y en el enriquecimiento mediante balcones de la textura visual de los edificios”, agrega Saldarriaga en su texto. Resalta la implantación urbana y la generosidad en los espacios públicos como uno de sus aportes a la ciudad.

El arquitecto y periodista Andrés Ramírez destacó que, aparte de su obra, también es importante que “deja toda una escuela de arquitectos jóvenes que están en gran producción. Les enseñó a tres generaciones”, dijo. “No me atrevo a enseñar -le dijo Salmona a EL TIEMPO en una de sus últimas entrevistas-. Siento que me estoy equivocando. No sé cómo se enseña la poesía. El diseño es una poética. ¿Cómo transmitirlo?”.

En la misma entrevista, el genio de la arquitectura colombiana, enfermo de cáncer, dijo sobre la muerte: “Claro: sé que uno se tiene que morir. Pero pensar en la muerte, no. Si llegó, llegó. Sé que estoy más cerca que antes, obviamente. La edad, por un lado. La enfermedad, por otro. Pero no me preocupa tanto”.

Sus últimos trabajos fueron el Centro Cultural del Fondo de Cultura Económica y los planos del segundo edificio del Museo de Arte Moderno.

Grandes obras y muchos premios

Nació en 1929. En 1959, diseñó el conjunto de apartamentos El Polo, con el arquitecto Guillermo Bermúdez Umaña. En 1962.
Diseñó el Colegio de Bachillerato de la Universidad Libre. Entre 1964 y 1970 proyectó las Torres del Parque. En 1969, la casa Alba, en Bogotá. Entre 1978 y 1982, La Casa de Huéspedes Ilustres en Cartagena, que obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura en 1986. En 1983, diseñó el Centro Jorge Eliécer Gaitán. 1984, Museo Quimbaya en Armenia ( Premio Nacional de Arquitectura en 1988).

En 1989, inicia el proyecto para la sede del Archivo General de la Nación. En 1990 obtuvo el premio Nacional de Arquitectura por la sede para la Fundación para la Educación Superior (FES) en Cali, obra proyectada con los arquitectos Pedro Alberto Mejía, Raúl H. Ortiz y Jaime Vélez.

En el 2001, se inauguró la biblioteca Virgilio Barco. En el 2003, obtuvo el premio Alvar Aalto.

Fuente: El Tiempo

A los 78 años de edad falleció en Bogotá el arquitecto colombiano Rogelio Salmona, uno de los más reconocidos del país y en el ámbito internacional. Construcciones como la Biblioteca Virgilio Barco, las Torres del Parque y el Eje Ambiental, en el centro de la capital, y la Casa de Huéspedes de Cartagena, son algunas de sus obras más representativas.

Salmona falleció víctima de un cáncer que le sobrevino cuando conmemoraba cincuenta años de trayectoria, con una muestra retrospectiva que sus amigos y discípulos montaron el año pasado, y que, desde entonces, ha sido exhibida en Bogotá, París y Roma.

El ladrillo fue el material al que este arquitecto dio preferencia en su obra, conformada por algunas decenas de edificaciones en la capital colombiana y otras ciudades como Cartagena y Armenia.

Durante su trayectoria, Salmona recibió en cuatro ocasiones el Premio Nacional de Arquitectura y en 2003 se convirtió en el primer latinoamericano al que se le concedió el finlandés “Alvar Aalto”, considerado como uno de los más importantes reconocimientos del mundo en la disciplina.

De Paris a Bogotá

Salmona nació en París en 1929, en un hogar de padre español y madre francesa que viajaron con él, aún niño, a Bogotá, donde se radicaron. El colombiano inició sus estudios de arquitectura en la Universidad Nacional, y los completó en París, adonde viajó en 1948.

En la capital francesa, Salmona tuvo la oportunidad de trabajar con el arquitecto franco suizo Le Corbusier, de quien fue discípulo durante diez años.

De su obra se destacan las tres Torres del Parque, edificios circulares de apartamentos construidos en los alrededores de la Plaza de Toros de Santamaría, en Bogotá, donde avanza el que será su último proyecto, el Centro Cultural “Gabriel García Márquez”, del Fondo de Cultura Económica, de México.

En Bogotá también han quedado como herencia de Salmona la sede de la Vicepresidencia de la República, el Archivo General de la Nación, la Biblioteca pública “Virgilio Barco” y el Museo de Arte Moderno de Bogotá, todos ellos en ladrillo a la vista.

El ladrillo “se hace con el barro y da trabajo a mucha gente”, destacó Salmona en una de las muy pocas entrevistas periodísticas que ofreció a lo largo de su carrera.

La obra del arquitecto ha sido resumida en “Salmona; espacios abiertos/espacios colectivos”, muestra exhibida por primera vez en Bogotá de abril a mayo de 2006 y que incluye maquetas, planos, bocetos, fotografías y vídeos.

Murió Rogelio Salmona, un icono de la arquitectura y el urbanismo de América Latina

El autor de maravillosas obras como la Casa de Huéspedes Ilustres, en Cartagena; el Museo de Arte Moderno y la Biblioteca Virgilio Barco, en Bogotá, falleció a los 78 años, como consecuencia de un cáncer. Adiós a uno de los grandes artistas contemporáneos del país.
Fecha: 10/03/2007 –
El nombre de Rogelio Salmona simboliza lo mejor de la rica arquitectura colombiana. Pocos hombres como él tuvieron el talento para complementar los paisajes nacionales con sus magníficas obras. Tras una prolongada lucha contra el cáncer, el creador falleció a los 78 años de edad.

Nacido en París en 1929 siempre se consideró colombiano, pues siendo niño viajó al país. Estudió en la Universidad Nacional de Colombiay hace un tiempo el Museo de Arte Moderno de Bogotá presentó una retrospectiva de la obra de Rogelio Salmona, que SEMANA definió como un homenaje “al gran arquitecto del último siglo en Colombia”.

A continuación el texto de esa retrospectiva que sintetiza lo mejor de este hombre que hoy descansa en paz.

El nombre de Rogelio Salmona simboliza lo mejor de la rica arquitectura colombiana. Pocos hombres como él tuvieron el talento para integrar a los paisajes naturales sus magníficas obras. Tras una prolongada lucha contra el cáncer, el creador falleció a los 78 años de edad.

Nacido en París en 1929 siempre se consideró colombiano, pues siendo niño viajó al país. Estudió en la Universidad Nacional de Colombia y hace un tiempo el Museo de Arte Moderno de Bogotá presentó una retrospectiva de la obra de Rogelio Salmona, que en su momento se definió como un homenaje “al gran arquitecto del último siglo en Colombia”.

Esa retrospectiva sintetiza lo mejor de este hombre que hoy descansa en paz.

“Poesía, la arquitectura es poesía, algo muy sentido que se traduce mediante una metáfora construida”. Así definía Rogelio Salmona el oficio que desde hace más de 50 años ha desarrollado sin cansancio. Sus palabras, que para muchos constructores mercantilistas de hoy podrían parecer exageradamente románticas, demuestran que no sólo la estética y la funcionalidad son importantes cuando se construyen edificios. También son primordiales aspectos intangibles de una sociedad como lo es su cultura. Ese es precisamente el principal aporte que hizo Salmona a la arquitectura, lo que el mismo llamó “la poética del lugar”.

El Museo de Arte Moderno de Bogotá, con el apoyo de los Ministerios de Cultura y Relaciones Exteriores y la Sociedad Colombiana de Arquitectos, inauguró la retrospectiva Espacios Abiertos/Espacios Colectivos, una exposición que recorre las diferentes facetas del trabajo de uno de los arquitectos colombianos más influyentes del último siglo en el país.

“Esta exposición es de una gran trascendencia para el Museo de Arte Moderno. Hacer esta retrospectiva ha sido una de las grandes aspiraciones de mi vida porque a Rogelio le debemos en gran parte la existencia del museo”, explicó en su momento Gloria Zea, directora del Museo.

Un largo camino a casa

La vida de Rogelio Salmona tuvo momentos definitivos. Uno de ellos fue su encuentro con el arquitecto suizo Le Corbusier, durante su visita a Bogotá, cuando él era un estudiante de primeros semestres de la Universidad Nacional.

Rogelio Salmona, egresado del Liceo Francés, fue escogido como uno de los traductores de la comitiva. Eso lo acercó aun más al ilustre visitante. Poco tiempo después, Salmona abandonó sus estudios para incorporarse al taller de Le Corbusier en París. Durante cerca de 10 años colaboró en el diseño y la construcción de varios de los proyectos más importantes del movimiento moderno, entre ellos el complejo gubernamental de Chandigarh, en India.

En este período, Salmona realizó diferentes viajes por Europa y África que lo marcaron para siempre. De sus recorridos por Marruecos y el sur de España absorbió elementos de la arquitectura mudéjar, una fusión entre el arte y la arquitectura árabe y española, que se caracteriza por la complejidad de los detalles, la presencia del agua en espejos y caminos, el patio central y el uso de materiales como la piedra y el ladrillo. Varios años después, esa influencia mudéjar, combinada con su admiración por la arquitectura prehispánica, daría forma a sus edificios.

A su regreso a Colombia Salmona tuvo la sabiduría de incorporar nuevos elementos a los conceptos del modernismo. De su maestro conservó la racionalidad y la funcionalidad de la arquitectura, pero les imprimió un sentido humano y cultural a sus edificios. Fue así como desarrolló una arquitectura sustentada en la relación con el entorno, los factores ambientales y las complejas necesidades de quienes habitan los edificios. Esa postura adoptada por Salmona, que se conoce como Posmodernismo, también tuvo exponentes como Richard Meier en Estados Unidos y Álvaro Siza en Portugal.

El ladrillo, siempre el ladrillo

Por más de tres décadas construyó varias de las obras más importantes del país con el sello inconfundible del ladrillo. El uso de este material en la mayoría de sus edificios le permitió cambiar la cara gris característica de Bogotá por una más cálida y colorida. El conjunto multifamiliar del Polo Club, que diseñó con el arquitecto Guillermo Bermúdez; las Torres del Parque, la Nueva Santafé, la sede de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Universidad Distrital, el Archivo General de la Nación, el Edificio de Posgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, la Biblioteca Virgilio Barco y el eje ambiental de la Avenida Jiménez en Bogotá, son sólo algunas de las obras más importantes que hacen parte del legado que Salmona le deja a Bogotá, su ciudad. La Casa de Huéspedes Ilustres de Cartagena, una propuesta hecha en piedra coralina en donde exploró al máximo los elementos representativos de la arquitectura morisca, es quizá su proyecto más destacado fuera de la capital.

Por esa inmensa obra recibió premios como la medalla Alvar Aalto, la medalla Manuel Tolsá de la Universidad Autónoma de México, el premio a la Trayectoria Profesional en Arquitectura de la II Bienal Iberoamericana de Arquitectura y cuatro Premios Nacionales de Arquitectura en Colombia. Además, fue designado miembro honorario del Instituto Americano de Arquitectos.

La mayoría de estudiantes de arquitectura en Colombia ha estudiado en algún momento de su carrera los planos, libros y bocetos de Rogelio Salmona. Los peatones del común también viven a diario el placer de caminar por los espacios generosos y hermosos que rodean todos sus edificios. Ahí radica el verdadero legado que Rogelio Salmona les ha dejado a las ciudades colombianas. “La ciudad no es una retahíla de edificaciones, sino la creación más espiritual de nuestra civilización y, con el lenguaje, la más grande obra de arte creada por el hombre. Es el lugar de la cultura, el espacio público por excelencia, el lugar de la civilización” . Estas palabras dichas por Rogelio Salmona demuestran la carga poética que ha acompañado y seguirá acompañando por siempre a sus edificios. Paz en su tumba.

ROGELIO SALMONA (1929 – 2007). EL MEJOR DE TODOS

Se nos fue Rogelio Salmona, sin dudas una de las figuras señeras de
la arquitectura universal y el mejor de quienes han sobrepasado el
siglo de la
modernidad y su decadencia posmoderna en nuestro continente.

Hablar de arquitectura latinoamericana ha sido desde hace décadas
hablar de Rogelio Salmona cuya visión continental alentó de las más
diversas maneras.
Fue el dinámico motor de los Seminarios de Arquitectura
Latinoamericana (SAL) imponiendo ese carácter movimientista que, a
soslayo de cualquier organización formal, nos ayudaba a encontrar
siempre puntos de apoyo que nos permitieran reunirnos para
reflexionar, discutir y aprender.

Hablar de la arquitectura de Salmona es recalar en las búsquedas de
un lenguaje propio, asentado en las potencialidades expresivas de
los materiales tradicionales que manejaba con sofisticación artesanal.
Preocupado por los temas ambientales, por las demandas sociales y
por los equipamientos urbanos, Rogelio dio su vida profesional a la
causa de proponer caminos alternativos para nuestra arquitectura.

Formado en el Taller de Le Corbusier y en los cursos de Pierre
Francastel, Rogelio asumió las contradicciones que la visión
eurocéntrica le planteaba y buscó superarla en un conocimiento
acucioso de su realidad colombiana y continental.
Ayudó a los más jóvenes. Difundió ideas y dio testimonio de su
pasión profesional y de su amor por la arquitectura trabajando
infatigablemente hasta el último respiro, con las dificultades que
su dura enfermedad le fue generando.

Pero sobre todo se nos fue el amigo solidario, el sabio que sabía
por la experiencia y la reflexión, el compañero entusiasta y
temperamental, el mentor de muchas de nuestras iniciativas colectivas.
Rogelio fue mucho más que un notable arquitecto, fue un excepcional
ser humano que valoramos y quisimos en la coincidencia y en la
disidencia. Esa misma disidencia que me lleva hoy a rezar una
oración a mi Dios (en el cual Rogelio no creía) porque sé que
mirará todo el bien que Rogelio ha dado a tantas personas de este
continente que disfrutan de su arquitectura y la inmensa cantidad
de inolvidables momentos que nos fue deparando a quienes tuvimos la
dicha de tratarlo. Insisto, era el Mejor de Todos.

Lo extrañaremos hasta lo indecible.

Arq. Ramón Gutiérrez