Una mañana con Niemeyer

agosto 12, 2006

do8-1.jpg

Una mañana con Oscar Niemeyer

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Gramma, La Habana

No es hombre de muchas palabras. Quizás nunca lo fue y prefirió levantar sueños del tamaño de catedrales y dibujar líneas que se convirtieran en edificios de belleza alucinante. Pero cada palabra suya pesa, como cuando dice: “El hambre del estómago solo se calma con el pan de justicia”. O “el tiempo de los flojos no cuenta, solo el del coraje”.

En una de las paredes de su estudio, sobre un fondo blanco, ha escrito de puño y letra: “Cuando la miseria se multiplica y la esperanza huye del corazón de los hombres, solo queda la Revolución”.

Esa frase resume de algún modo el pensamiento y la acción de Oscar Niemeyer, leyenda mundial de la arquitectura del siglo XX, pero más que todo, como gusta él mismo definirse, “alguien muy convencido de que solo el hombre y la mujer serán plenos cuando conquisten la verdadera libertad”.

Es invierno en Río de Janeiro y, salvo por el oleaje, no lo parece. La franja arenosa de Copacabana se halla poblada de bañistas expuestos al sol. En la Avenida Atlántica, que domina el litoral de la playa más famosa de Brasil, sobre lo alto de un adusto edificio, el Ypiranga, se halla el estudio del maestro. Amplios ventanales inundan el recinto de una luz pura y azul, una transparencia que mezcla aires de júbilo y melancolía, tal vez por saber que muy cerca de allí alguna vez Vinicius y Jobim quedaron extasiados ante la chica de Ipanema.

Para llegar al ático, desde el piso inferior, deben escalarse unos veinte peldaños. Todos los días, a media mañana, Niemeyer vence la distancia sin fatiga. Entre planos, reuniones, consultas, transcurre diariamente su jornada de trabajo: ocho, nueve, hasta diez horas, apenas interrumpidas por el almuerzo y el breve reposo que le sigue, no propiamente una siesta, sino un instante de recogimiento que ayuda a la digestión.

Pequeño de estatura, todavía macizo, de andar pausado pero firme; rostro cetrino en una cabeza fuerte y erguida. El próximo 15 de diciembre cumplirá 99 años.

“No pensé que iba a vivir tanto, pero le confieso que todavía es insuficiente. No acostumbro a mirar demasiado el pasado, prefiero esforzarme por lo que aún falta por hacer.”

Dentro del estudio, donde comparte faenas con un grupo de colaboradores mediante una relación colectiva en la cual se advierte un clima camaraderil, el maestro ocupa un despacho sin lujos, marcado por recuerdos personales. Libros y carpetas trajinadas por el uso. Lápices y plumillas; fotos. Una de ellas con Luiz Carlos Prestes nos recuerda el escándalo de la burguesía brasileña al constatar cómo el ya notable arquitecto cedía su estudio al líder comunista para que habitara en este e instalara la sede del Partido, luego de salir de la cárcel en 1945.

Un par de horas con Niemeyer, entre cubanos y con la diligente mediación de Marilia Guimaraes, presidenta del Comité en Defensa de la Humanidad de Río de Janeiro, dista de ser una visita de cortesía. Se habla del emplazamiento de una obra suya, de carácter monumental en Cuba, del momento latinoamericano actual, de la creciente escalada imperialista a nivel mundial.

Tomo apresuradamente notas de la conversación, jirones de su pensamiento:

“Por naturaleza, el imperialismo nunca dejará de ser bárbaro. Usted lo está viendo en Palestina y el Oriente Medio. Ante la alianza de Estados Unidos e Israel, el mundo no puede permanecer impasible.

“América Latina está viviendo una hora muy especial. Tengo fe en los nuevos liderazgos que van surgiendo y en el resultado de los movimientos sociales. Pero la condición humana no se ha levantado todavía a la altura de lo que esperamos.”

“Aquí en Brasil, Lula sigue siendo la mejor opción. A la gente le preocupan los estallidos de violencia, el crimen y la impunidad. Hay que pensar, sin embargo, en el origen de todo esto. Si no se va a las raíces del problema, nada resolveremos. Mientras exista la desigualdad, la degradación social y el hambre, habrá violencia.

“Yo creo que Cuba puede desarrollar mucho más su arquitectura, situarla a la altura del talento joven que ha ido cultivando la Revolución. No es solo un deseo; espero que la colaboración entre mi estudio y los arquitectos y estudiantes cubanos dé frutos. Espero verlos.”

“El imperialismo no perdona a Cuba ni a Fidel. Pero esas medidas que Bush y su gente han aprobado contra ustedes, no le van a quitar el sueño a Cuba ni a Fidel.

“A la juventud le pido que lea, que aprenda por cabeza propia, que entienda el mundo que le rodea. Si se lee, se acaba por llegar a la verdad.”

Al filo del mediodía, Niemeyer confiesa algunos de sus secretos de vida:

“Comer poco, tomar una copa de vino tinto y estar atento a todo. Trabajar mantiene la salud. Fumo cuatro o cinco tabaquitos por día, no absorbo el humo. Montecristi: esta muchacha (señala a Marilia) sabe que es mi marca favorita. Ah, y la compañía de una mujer.”

Teme a los aviones como al mismísimo diablo. Ama las curvas, el samba, la amistad, el contacto con gente joven, los paisajes de su tierra.

¿Su personaje? No lo duda: “Fidel Castro. Ha hecho algo fantástico, le ha abierto las puertas al hombre nuevo”.

Al despedirnos, la luz que se filtra en el estudio es mucho más intensa. Nos abraza y dice: “Viva Fidel”.

NOMBRE: Oscar Ribeiro de Almeida de Niemeyer Soares.
FECHA DE NACIMIENTO: 15 de diciembre de 1907, en el barrio de Laranjeiras, Río de Janeiro.

PROFESIÓN: Arquitecto. Graduado de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1935.

FAMILIA: Una hija, cinco nietos, nueve biznietos y tres tataranietos.

HECHO QUE MARCÓ SU VIDA PROFESIONAL: Haber sido discípulo del arquitecto suizo Le Corbusier.

CONCEPTO ARQUITECTÓNICO: “Me atrae la línea curva y sensual, la curva que encuentro en las montañas de mi país, en el curso sinuoso de los ríos, en la olas del mar, en el cuerpo de la mujer”.

OBRAS SUYAS QUE HAN HECHO ÉPOCA: Pampulha, Belo Horizonte (1940); Palacio de Planalto y las principales edificaciones de Brasilia (1960); Sede del Partido Comunista de Francia, París (1967-71); Centro Cultural de Le Havre, Francia (1983); Memorial de América Latina. Sao Paulo (1989); Museo de Arte Contemporáneo de Niteroi (1996).

niteroi.jpg

Museo de Niteroi. Oscar Niemeyer

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: